REENCUENTRO

Desperté tras la duermevela que me produjo aquel encuentro tan brutal…, 6 semanas sin vernos, sin tocarnos; nos habíamos cogido con demasiadas ganas.

Él estaba detrás de mí, rodeándome con el brazo y yo a la vez con las piernas entrelazadas con las suyas. Poco a poco fueron despertándose los sentidos y lo primero que noté fue su miembro semi erecto entre mis nalgas. Me sentía como inmovilizada, no podía y tampoco quería moverme, podría disfrutar de esa sensación durante horas, pero él se despertó y se acurrucó sobre mí, frotando su pecho contra mi espalda y a la vez la punta de su pene sobre mi sexo que todavía estaba húmedo, me hizo estremecer y despertar de nuevo.

Comenzaron las caricias; los muslos, los pechos…, yo agarré con firmeza el pene y pude comprobar lo duro que estaba, ¿cómo había podido echarlo tanto de menos?, mi sexo se abría y antes de que pudiera reaccionar él me abrió las piernas y me penetró desde atrás, yo moví mi cadera hacia él y nos acoplamos de nuevo como un perfecto engranaje. Le sentía dentro de mí tan fuerte que mi vientre vibraba en cada embestida, le agarraba las nalgas con tanta fuerza que clavaba mis uñas en su culo al ritmo de cada embiste.

Sin salirse de mí, me puso boca abajo agarrándome por las muñecas, era presa de su deseo y del mío propio, me cerró las piernas contra las suyas y siguió penetrándome mientras me besaba el cuello. Físicamente no podía moverme, sólo gozar mientras mi mente me transportaba a un nivel de placer que nunca había experimentado. Ese estado de indefensión y sumisión me estaban llevando al éxtasis, ¿cómo era eso posible?

Cuando me liberó pude darme la vuelta, él estaba de rodillas sobre mí y cuando se irguió pude contemplar el cuerpo de ese hombre que me había convertido en su esclava. ¿Era su esclava?, él estaba totalmente entregado dándome placer, ¿quién era el sumiso?

Empecé a tocarme para él, que disfrutaba realmente del espectáculo. Me llevaba los dedos a la boca para saborearme y notaba como su miembro se ponía más duro. Con la mano que tenía libre comencé a masturbarle, me dolía la muñeca en esa posición pero no podía parar, él estaba a de rodillas a mi lado y a punto de correrse. Quería que lo hiciera sobre mí. Me giré y me metí la punta en la boca, deslicé mis labios sobre su glande mientras mi mano continuaba el trabajo. Empecé a notar las contracciones y dejé que se derramara entero  sobre mis pechos…

Entonces separó mis piernas y las dobló, bajó su cabeza hasta darme el beso más dulce que le pueden dar a una mujer. Labio con labio. Fue separándolos poco a poco con la lengua, a un lado y a otro, para continuar con lentos movimientos arriba y abajo. Se lamió los dedos y empezó a acariciar mi clítoris a la vez -para-, le dije- está demasiado sensible…- y continuó lamiendo despacio y aliviando el dolor que tenía por la excitación y la hinchazón.  Él estaba empeñado en doblegarme de placer e introdujo uno de sus dedos dentro de mí. Siempre me han gustado los dedos de los hombres, más grandes que los míos. Empezó a meterlo y a sacarlo hasta que encontró esa pequeña zona rugosa e hizo que se me abrieron los ojos como platos, entonces metió el otro dedo y se multiplicaron mis sensaciones. Su lengua trazaba círculos allí donde se juntaban los labios, y  llegó la petite mort…

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