El pescador

El paseo por el muelle fue tranquilo, ya casi no quedaba gente por la calle que daba al puerto y la zona estaba casi desierta, Delia prefirió darse un pequeño paseo para espantar los nervios. Acababa de concretar una cita para la mañana siguiente, bueno, en realidad para lo que serían unas horas después, con el joven pescador con el que llevaba fantaseando durante los últimos días. Llevaba varias semanas en la isla, haciendo una pequeña investigación para la que sería su segunda novela y empezó a frecuentar la taberna de pescadores intentando conocer las distintas formas de pesca que se daban allí. Al principio les chocó tener allí a una mujer que iba sola, no era lo habitual, pero la recibieron bien. Casi todos los habituales eran de la edad de su padre, lo cual le hacía mantener cierta distancia con ellos, a pesar de las tardes tomando cerveza que pasó con ellos. En el pueblo ya se comentaba, sabía que eso ocurriría, ella venía de un sitio similar, donde los árboles tienen ojos y los quicios de las puertas, oídos para escuchar. Había simpatizado mucho con el camarero, era bastante más joven que ella y, según le contó, nunca había salido de la isla. Le pareció entrañable. Se encontraban casi a diario, por las calles, en la tienda cuando él iba a ver a su novia, que despachaba allí, ya que su madre era la dueña, en otros bares, a veces en la playa y prácticamente por todas partes. Allí era muy fácil encontrarse, pero lo suyo se había convertido ya en algo más que casualidad, cuando iba a la taberna tonteaban descaradamente y el resto de pescadores miraba hacia otro lado como queriendo no darse por enterados de lo que allí se estaba gestando. A Delia le gustaba, y seguía el juego mientras averiguaba cosas para su libro, en realidad era un tonteo divertido que día tras día estaba llegando a más.

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Delia salió de su casa de madrugada, él iba a salir a pescar y la había invitado a acompañarle, para que viera de cerca las artes y así tomar todas las notas que quisiera. En ese pueblo era muy difícil que algo pasara desapercibido y eso la inquietaba. Sabía la hora a la que él iba a salir, podía quedarse en casa, podía verle al día siguiente e inventar cualquier excusa, pero pensó en las ganas que tenía y se dejó llevar. Bajó la calle a oscuras caminando deprisa para engañar al frío, no tomó la calle principal si no una más estrecha y al doblar la esquina y mirar hacia el pequeño puerto vio el brillo de un cigarro dentro de un pequeño bote.

-Vamos en éste- dijo Carlos levantándose y, tendiendo una mano, la ayudó a subir.

Era un bote pequeño y la madera crujía bajo sus pies, soltó amarras, empujó para impulsar la embarcación y comenzó a remar dirigiéndose a la bocana del puerto. Dejando la luz verde a la izquierda y protegidos por la negrura de la noche sin luna, dejaron atrás el pueblo en poco tiempo. El agua se veía blanca y negra, se ondulaba ligeramente a su paso, pero el mar estaba en calma total. La negrura de la noche lo invadía todo, aunque veía el gesto sereno de la cara de Carlos, debido a que sus pupilas ya se habían acostumbrado, puede que estuvieran ya dilatadas hace un rato, por la excitación que sentía.

– ¿No llevamos ni un farolillo? – preguntó ella, pensando en que tendría que ser muy observadora y anotarlo todo al día siguiente cuando llegara a casa.

– Somos furtivos- sentenció él, con un susurro que sonó a broma, pero que la hizo tomarse la situación muy en serio. Tenía el estómago vacío y, por primera vez desde que se había despertado, era consciente de ello. Algo empezó a sentir ahí dentro, y no era hambre. Miró a su alrededor y todo estaba negro, mar abierto, todo negro. Nada alrededor. Carlos sacó una pequeña caja y cambió de sitio los anzuelos, dejando preparados los que iba a utilizar ese día, el hilo trenzado y una pequeña bolsa donde tenía el señuelo. Lo metió todo en una cesta de mimbre con tapa que tenía justo a su lado. Delia estaba un poco contrariada al ver que la caña estaba desmontada y parecía que Carlos estaba guardando cosas, en vez de sacarlas.

-Pero, ¿no venimos a pescar? – dijo ella en voz muy baja.

-Sí.

-Pues no creo que vayan a picar los gallos si guardas todo en la cesta.

-Los gallos… mañana por la mañana, cuando termine de bajar la marea- dijo él, muy tranquilo.

-Entonces…

Hubo unos segundos de silencio y algo saltó cerca del bote, los dos miraron a la vez, y al volver a ponerse frente a frente él ya estaba a escasos centímetros de su cara. La dio un beso rápido y volvió a sentarse.

-He venido a buscar otro tipo de pez.

Entonces fue ella quien se acercó, apoyando las manos sobre las rodillas de Carlos devolviéndole el beso, que se fue alargando hasta que se volvió más húmedo, compartieron sus lenguas y después sus manos. Ya no tenía frío. Enseguida se quitaron las chaquetas y se descalzaron. Ella fue directa a tocar el bulto de sus pantalones mientras le besaba de nuevo e intentaba liberar su miembro, pero solo la dejó tocarlo por encima de la prenda. Se zafó de ella y la pidió que se sentara sobre la bancada de enfrente. Se inclinó sobre ella, haciendo que su espalda se arqueara hacia atrás, la tocó los pechos y comenzó a desabrochar sus pantalones. A ella en el fondo le gustaba mucho que él tomara la iniciativa, por dentro había estado llena de dudas, pero el cuerpo había hablado durante días y a él no le había pasado desapercibido. Bajó sus pantalones y las bragas a la vez, dejando ambas prendas cuidadosamente detrás de ella, tenían poco espacio y había que aprovecharlo bien. Estaba agachado frente a ella, mirándola de frente y, mientras ella se despojaba del resto de la ropa de cintura para arriba, él iba acariciando sus muslos desde las rodillas hasta las ingles. Delia tenía la piel muy suave entre las piernas y el color de la noche oscurecía aún más sus pezones de chocolate, las pálidas manos de Carlos masajeaban los oscuros muslos de Delia aplicando un poco más de fuerza cada vez, aproximando los pulgares un poquito más a su sexo cada vez que las manos acababan en la ingle. La tomó entonces por la cintura y empezó a lamerla, mordisqueó la suave piel que acababa de acariciar y lamió su sexo por entero. Lo llenó de saliva, succionó el clítoris con fuerza y después lo lamió más despacio. Recorrió los labios con la lengua, primero por fuera, después por dentro, y volvió a empezar. Le encantaba comerlo, era como llevarse un pedazo de mar a la boca. Delia se fue dejando llevar, arqueó la espalda un poco más y acomodándose en la bancada recibió los dedos de Carlos como un alivio del cercano orgasmo. Le gustaba ahogarlo, prolongar el placer y así intensificarlo, parecía que él había dado con el punto justo y ahora jugaba con sus dedos dentro de ella. Le puso una mano en el hombro para pedirle que cambiara el ritmo, iba alternado los dedos con la lengua y eso hacía que su excitación fuera en aumento de nuevo. Carlos disfrutaba viéndola gozar, miraba de reojo las reacciones de su cuerpo e iba intentando adaptar el ritmo y los movimientos de su lengua a las reacciones de Delia. Dejó que ella le indicara cómo le gustaba y puso todo su esmero en complacerla. Sentía la polla dura, aprisionada dentro de sus pantalones, quería liberarla, tocarla, pero la satisfacción de darle placer a Delia le llenaba más en ese momento. Ella le observaba paciente, ya casi en estado preorgásmico, viendo como disfrutaba él comiendo su coño, llenando de saliva y estimulando con su lengua la parte más sensible de su anatomía. Levantó su cabeza y vio sus ojos azules brillar en la oscuridad, liberó su miembro y empezó a masturbarse mientras introducía dos dedos de nuevo dentro de ella. Esta vez el movimiento era diferente, parecía como si jugara dentro de ella, tiraba de los dedos como atrayéndola hacia sí, intentando aproximarla. Se inclinó hacia atrás ya medio mareada y se agarró a las regalas de ambas bordas, una con cada mano, para no perder el equilibrio. La visión era espectacular, un manto de estrellas brillantes cubría sus cabezas, podía ver la vía láctea con total nitidez y, aunque no distinguía más que las constelaciones más populares, creyó estar en el cielo y no bajo él. No sabía si la visión del cielo en movimiento era debida al balanceo de la barca o al mareo que le produjo el orgasmo, clavó sus uñas en la madera mientras gritaba de placer y la mano de Carlos se empapaba con su corrida. No fue consciente de cuánto tiempo pasó, de si fueron segundos o minutos, pero cuando se incorporó él ya estaba desnudo acariciando su polla tiesa esperando a que ella se recuperara. Se sentó a su lado haciendo que ella se desplazara y con un movimiento seguro la sentó sobre su regazo con las piernas abiertas y la penetró. Se tenían frente a frente, él se movía dentro de ella meciendo el barco a la vez con cada embestida, ella se pegaba a él lentamente, hacía que sus cuerpos se acariciaran el uno al otro, sintiéndose, transmitiéndose calor. Los calambres que sentía en los gemelos debido a la postura eran compensados con el placer que sentía con cada movimiento dentro de ella. Estando bien agarrada a él empezó a mover sus caderas cada vez más fuerte, después paraba y, sin dejar de besarle, estrujaba el miembro con sus músculos durante unos segundos y lo liberaba rápido para volverlo a atrapar. Él cerraba los ojos y suspiraba cada vez más fuerte y deprisa. Cambiaron de postura cuidadosamente. Ella se apoyó en la bancada del remero bocabajo y él se puso en cuclillas para penetrarla por detrás. La penetró despacio y por completo, pero se salió un poco para moverse dentro de ella y penetrarla con la punta. Lo hizo deprisa y ella estuvo a punto de correrse otra vez si no hubiera sido porque tuvo que parar porque creía que iban a volcar el barco con los movimientos. Retomaron la postura esta vez con él apoyando sus rodillas sobre la madera y agarrando fuertemente su cintura que solo soltaba para acariciarle espalda con sus ásperas y hábiles manos.

-Voy a correrme – dijo él, con una voz casi ahogada.

Entonces ella le pidió que parara y se dio la vuelta para poder introducirse el miembro en la boca y hacer que terminara, finalmente, derramándose sobre sus pechos. Se abrazaron para compartir el calor y miraron hacia el este para ver despuntar al sol. Estaba amaneciendo.

33 Comments

  1. Me ha encantado, tus relatos consiguen que entre en situación en el primer párrafo. Como en las pelis de aventuras, me encantaría estar en la piel del personaje

  2. Permíteme que entre en tu casa sin invitación previa, pero no puedo leer este texto sin dejar siquiera una muestra de mi agradecimiento por haberlo compartido. La situación que describes (en el mar, un bote, calma, la madrugada y la tenue luz de un cielo infinitamente estrellado) es exactamente una de las fantasías que siempre he tenido, todas ellas con una mujer de protagonista y el mar como marco.
    Insisto, gracias 😉😊

    1. Todo el mundo es bienvenido, tanto para leer como para comentar 🙂
      No sabes la emoción que siento al leerte, siempre he pensado que las fantasías se pueden representar de muchas maneras, estamos acostumbrados a lo “visual”, pero también se pueden plasmar con letras. Qué maravilla haber tenido esa conexión 🙂

      1. Muchísimas gracias por tu bienvenida 😆😆😆
        Realmente has sabido reflejar en palabras algo tan visualmente atractivo como un hombre y una mujer teniendo sexo (no niego que me gusta el porno, el porno para mujeres -o porno feminista- que ahora está afortunadamente triunfando)
        Has provocado que, leyéndote, yo haya visto a Carlos y a Delia en esa situación y, además, con envidia -lo confieso-.
        Te felicito 😊😉

      2. Eso mismo digo yo. ¿A qué esperan? ¿No saben que es mucho más excitante una mujer respetada?
        La verdad es que yo me lo paso infinitamente mejor con este nuevo cine, por una sencilla y egoísta razón: me gusta doblemente saber que a la mujer le excita lo mismo que a mí..

      3. Jajaja. Eso también. Desaparecen los supermanes y las supermanas, jajaja. Te decía lo del respeto porque en el porno tradicional eso brilla por su ausencia, cuando se trata de la mujer

      4. Cierto. Me gusta ver que las escenas no son repetitivas en cuanto a contenido, que los actores tampoco lo son, que las fantasías que se me ocurren a mí le pueden haber sucedido (o imaginado) a otra persona. También me gusta que se enfoca en el placer en sí, no solo en el exclusivamente masculino y… que poco a poco va desapareciendo el coitocentrismo

      5. Completisimamente de acuerdo. Hay en este nuevo cine situaciones reconocibles, incluso personas reconocibles, lejos de esos superdotados y esas mujeres recauchutadas, completamente artificiales ambos, ajenos todos a una realidad común.

      6. A veces, cuando veo algún video de porno “clásico” digo: esto no va conmigo, ya ni consigue excitarme. Estoy muy contenta con el nuevo cine y espero que destrone al antiguo como referente para la gente joven… es espeluznante como hace pensar a quien lo toma como ejemplo.

      7. Lo leí esta mañana, de Carme Chaparro. Desgraciadamente hay mucha “manada” por ahí suelta… hay algún caso más mediático pero abusos hay a diario y entre gente muy joven. Es horrible

      8. Sí, desgraciadamente es una lacra que, lejos de erradicarse, se va extendiendo entre los jóvenes.
        Coño, con lo maravilloso que es echar un buen polvo entre dos personas que se atraigan.
        No entiendo nada

      9. A todo esto, permíteme decirte que tú has escrito un relato muy muy cercano a la realidad, a esa realidad que paradójicamente reconocemos en nuestras fantasías (en la mía, en este caso concreto). Esa es la razón por la que tu texto me ha llamado tanto la atención (la mía y la de mi cuerpo, jajaja)

      10. ¿Una misma fantasía, no muy común, en dos personas que no se conocen de nada? Parece de película…
        ¿O quizá el argumento de uno de tus futuros relatos? 😉

      11. Eso es verdad… Pero la típica fantasía es la playa desierta, etc etc. Un bote en la mar en calma y de noche no debe ser muy común jajajaja

      12. El mar es uno de los lugares más adecuados, con ese mercer, con el masajeo del oleaje, con el sonido que puede llegar a embriagar hasta al más abstemio de los corazones

  3. Geniallll me encanta este tipo de relatos, hacen q mi imaginación vuele a miles de kms, y me siento muy relajada al mismo tiempo. Gracias por este espacio, q repito… me encanta!!!!!

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