Yolanda

 

-¡Yolanda, Yolanda!- parece  como si alguien gritara mi nombre desde muy lejos.

-No nos oye- se oye después como en un susurro.

Abro los ojos despacio y veo la blanca pintura del techo de la habitación, es raro porque no parece mi habitación. Miro a un lado y a otro y veo una mesilla vacía y una ventana con vistas a un parque. Definitivamente no es mi habitación. Levanto la mirada y veo a mi hermana saliendo de la habitación, va con Leo. Parece que lloraban. Quiero salir detrás de ellos, preguntar qué les pasa. Sólo un pitido por encima de mi cabeza rompe el silencio de la estancia, un ruido constante y regular, como si fuera un reloj marcando los segundos pero en un volumen mucho más alto. “¿Qué hacían ella y Leo dentro de la habitación?” Me levanto de la cama y salgo tras ellos pero la puerta se ha cerrado de golpe. “¿Es que no me han oído llamarles?” El pomo no se gira, estoy asustada y miro a la derecha, hacia la cama, hay una persona dentro, rubia como yo, pero con el pelo bastante descuidado, graso; me miro y compruebo que mis rizos siguen en su sitio sobre el jersey rojo. Sigo mirando a la chica de la cama, sus labios brillan pero de ellos sale un tubo que a su vez está conectado a una gran máquina que reposa a la derecha del cabecero, y la maraña de cables que parece emerger de su pecho está conectada a la máquina que parece un segundero. Son mis latidos. Me puse el jersey rojo nuevo para ir a una entrevista de trabajo, entiendo que nunca debí llegar, es curioso porque tengo una extraña sensación de sosiego, una tranquilidad parecida a la que uno experimenta cuando concluye un propósito que le ha tenido ocupado un largo tiempo. Me acerco a la cama y me doy cuenta de que quien está dentro soy yo. Ahora entran dos enfermeras para lavarme y ocuparse de mi, no siento nada cuando tocan mi cuerpo, parece que no tengo ninguna herida aparente en él, pero estoy muy delgada y con el rostro tan inexpresivo que podría haber pasado por un maniquí. Intento hablar con ellas pero no me escuchan. “Soy un fantasma”. Pero mi corazón sigue latiendo, lo veo en ese monitor. Me quedo viendo cómo trabajan las enfermeras, con qué cariño me tratan, soy un peso inerte, pero me mueven con tal soltura que mientras una me sujeta la otra estira la sábana hasta dejarla sin una arruga. Mientras me embadurnan con aceite hablan de mi hermana, de cómo no ha faltado un sólo día a verme. También hablan de mi cuñado Leo, mi Leo. Llevo 4 meses viviendo con mi hermana mayor y su novio y no ha salido de mi cabeza desde la mañana en que me lo encontré completamente desnudo por el pasillo de la casa. Volvía a la cama después de haberme levantado a beber agua y él creía que estaba sólo por el pasillo e iba al baño. Fue un encuentro fugaz, él pareció no darle ninguna importancia pero yo me metí corriendo en mi habitación y desde entonces todas las noches me tocaba pensando en Leo, en su miembro semierecto saltando de un muslo a otro mientras caminaba. Quería encontrármelo así de nuevo y frotarme contra él, me mojaba tanto sólo de pensarlo que todas las noches tenía que masturbarme por lo menos dos veces. Al principio me sentía mal por fantasear con el novio de mi hermana, pero viendo cómo me miraba desde aquel día se me pasó la culpa.

Por alguna razón una parte de mi se ha desprendido del cuerpo, así que quiero aprovechar este tiempo. No soy capaz de agarrar el pomo de la puerta, mi mano lo atraviesa. Una de ellas mira hacia la puerta:

-¿Has oído eso?- dice asustada.

-¿El qué?- dice la otra.

-No sé, es como si hubiera alguien más en esta habitación.

La llamo, me acerco a mirar en su chapa el nombre y la llamo a voces, con la esperanza de que sea capaz de verme y poder ayudarme pero no funciona. Tengo que salir de aquí, quiero ir a casa. Mi hermana es la única familia que tengo y también está Leo, no quiero irme sin despedirme de él, sin tocarlo por primera y última vez… Me doy cuenta de que va a ser una tarea muy difícil aunque si no, ¿por qué sigo aquí? Intento recordar aquella película e intento pasar a través de la puerta. Bien, ha sido fácil pero se me ha puesto patas arriba el estómago, como cuando me monté en aquella atracción de caída libre la primera vez, que pasé mucho miedo. Voy por el pasillo esquivando a la gente, es la costumbre. Lo cierto es que aun siendo consciente de la situación en la que me encuentro, estoy muy tranquila, feliz, sólo que tengo un pequeño nudo en la garganta, como si tuviera algo pendiente todavía. Tengo una sensación de bienestar que no puedo controlar.

Me meto corriendo en un ascensor que bajaba aprovechando la puerta abierta, resoplo y pego un brinco justo cuando una doctora entra y se coloca justo donde yo estaba. Me siento atravesada, doy un paso atrás, y cuando me repongo del mareo ya estamos en la planta cero. Salgo fuera y miro hacia arriba, quiero ver el sol y las nubes y respirar profundo el aire de la calle, por si es la última vez. Camino por la calle principal y no tardo en llegar al parque que está cerca de mi casa, lo atravieso despacio, quiero sentarme en un banco pero no me encuentro cansada así que sigo caminando hasta el portal de casa. Atravieso el portal esta vez despacio y la sensación de mareo es más llevadera esta vez, cuando voy caminando por el rellano pienso que ahora tengo la oportunidad de ver qué hacen todos los vecinos, dejo atrás la tentación de cotillear en sus casas y subo la escalera directa a casa de mi hermana. Cierro los ojos y atravieso despacio pero con decisión el cuerpo de la puerta, parece que ya lo hago de forma más segura así que lo hago un par de veces más. Después de entrar y salir  hasta que normalizo la sensación me doy una vuelta por la casa para darme cuenta de que ha cambiado poco desde aquella mañana. Mi habitación está igual que la dejé, desordenada y con la persiana medio bajada dejando entrar unos tímidos rayos de sol sobre la colcha azul que tanto me gusta. Siento el calor que viene de la ducha, el vaho invade el pequeño cuarto de baño, a Leo le encanta ducharse con agua muy caliente y yo no voy a desaprovechar la oportunidad de verle bajo el agua. Atravieso la mampara y me encuentro frente a su cuerpo. El agua chorrea por su espalda y se acumula alrededor de sus pies, recorro con la mirada primero el agua cayendo hacia abajo y después sigo el rastro del vello de sus piernas hacia arriba, como acaban en dos nalgas prácticamente perfectas, que dan ganas de apretar con las dos manos, clavar las uñas y ronronear. La espalda adquiere diferentes formas mientras se enjabona la cabeza, los brazos elevados hacen que la musculatura se muestre de diferentes maneras ante mis ojos, me imagino entre esos brazos y desnudada por esas manos y aunque el agua de la ducha no me moja me noto empapada. Me imagino desnuda allí dentro con él, restregándonos y acariciándonos el uno al otro, me imagino chupando su polla bajo el chorro de agua mientras me lava el pelo. Allí está, colgando entre sus piernas, la imagino magnífica dentro de mi. Pero yo no puedo tocarle. Por fin abre los ojos y los vuelve a cerrar porque se le ha metido algo de jabón, se enjuaga otra vez y abre la mampara mientras coge una toalla, se seca un poco el pelo alborotando los grandes rizos que habían quedado sepultados por el agua y envuelve su cintura en la ya húmeda toalla, se la deja muy ceñida de tal manera que puedo adivinar su miembro prieto contra la tela. Podría estar horas mirándole, era demasiado guapo, tanto que el primer día que le vi pensé que tenía que ser gilipollas. Quizá un poco sí lo fuera, pero eso era problema de mi hermana, a mí sólo me gustaba lo que me hacía sentir, lo violenta que me ponía en su presencia, tan cachonda que hasta alguna vez tartamudeaba al hablar. Cuando Leo sale del cuarto de baño me quedo mirándome en el espejo, quiero llorar pero esa sensación de paz que me invade me lo impide. Miro mi rostro a través del vaho, siempre sonriente, mis ojos claros y mis finos labios arqueados; los rebeldes rizos rubios caen sobre mi hombro derecho como una cascada, acaricio mi pelo y ahora sí puedo sentirlo entre los dedos así que alargo la mano y la poso sobre el espejo moviéndola de un lado a otro. El vaho desaparece y mi rostro se difumina entre las gotas.

Voy entonces hacia la cocina y veo a mi hermana preparando algo de comida, cortando verdura. Somos tan distintas que hasta mi madre a veces se preguntaba cómo era posible que hubiéramos salido del mismo útero.

Entra Leo sobresaltado, preguntando a mi hermana si no ha entrado ahora en el baño, ella dice que no y él se queda un poco pensativo. Está asustado. Había visto el espejo con el vaho y la huella de la mano que lo había disipado. Los veo comer en silencio, se sientan después en el sofá y se dan cuenta de que ninguno ha hablado y ni siquiera han puesto la televisión. Ella empieza a llorar, siento algo dentro de mí muy fuerte, rota por dentro al verla así, quizá pensara que éramos muy diferentes pero en este estado el vínculo que nos hermanaba se hacía más fuerte, las sensaciones eran plenas y muy nítidas. Siento su pena por mí en cada centímetro de mi extraña existencia. Leo se gira y la abraza. ¡Yo también quiero abrazarla! ¡y a él también! Me acerco a ellos y me siento junto a ella en el sofá, el frío que siento por dentro se va disipando mientras me acerco más y más, estoy tan pegada que no me doy ni cuenta de que mi muslo y el suyo se empiezan a fusionar. Leo ya estaba besando el cuello de mi hermana y el estómago me vuelve a dar un vuelco al introducirme poco a poco dentro de ella, su cuerpo va dejándose invadir por mi, siento un cosquilleo por los brazos y las piernas pero poco a poco voy sintiéndome cómoda, siento ya sus besos por el cuello, sus manos sobre mí, sus labios sobre los míos. La excitación es máxima, las sensaciones son plenas, no recordaba haberme sentido tan bien desde hacía mucho tiempo. Pronto la ropa cubre el suelo, por fin puedo tocar su piel, no sé si lo placentero es tocarle a él o poder tocar a alguien en concreto, las yemas de mis dedos son como extensiones de mi cerebro, mi conexión con el mundo real, mi nexo con aquello que podemos ver. Sus dedos también me recorren, y pronto están cerca de mi sexo recorriendo la fina piel de mis muslos mientras se tiende sobre mí. Mantengo las piernas cerradas para sentirlo entero sobre mí, poder sentir un contacto piel con piel me está resultando una experiencia única, balancea sus caderas sobre mí y puedo notar su polla dura sobre mi muslo, pero no quiero que me la meta ya, quiero gozarle primero. Sin dejar de besarle empujo sus hombros hacia arriba, no se da cuenta y sigue apretándose contra mí, tengo que separarme de sus labios para pedirle que se incorpore y así empujarle hasta quedar sentada a horcajadas sobre él, con las piernas abiertas mi vientre queda pegado a su sexo palpitante que se queda hacia arriba casi rozándome el ombligo con la punta. Lo beso entonces de nuevo, me aparta un poco para mirarme a los ojos, es evidente que le choca mi forma de actuar. “¿Se habrá dado cuenta?” Ahora me siento dueña de ese cuerpo y aunque noto el alma de mi hermana en alguna parte dentro de él, no noto ninguna resistencia a la invasión. Leo nota extraña a la persona que está con él, puedo sentirlo, pero es evidente que está muy excitado. Me mira a los ojos primero extrañado pero después aparece en su cara esa sonrisa de medio lado que me vuelve fuera de sí. Lo beso de nuevo ya que para mí es un privilegio  notar su lengua húmeda recorriendo despacio mi boca, sus dientes mordiendo suavemente mi labio inferior mientras que sus manos sobre mi espalda balancean mi cuerpo sobre él. Me separo un poco para admirar su delgado cuerpo, su piel casi vampírica me parece perfecta, hasta la cicatriz que acompaña su clavícula me parece digna de ser besada y por ella continúo hasta que llego a sus pezones. Están fríos, mojados por el sudor, pero el sabor salado que los acompaña y la dureza que mantienen hace que me sepan deliciosos. Mi objetivo final está más abajo, se mueve tiesa de un lado a otro hasta que la atrapo con mi boca, la engullo poco a poco casi hasta el final ya que es muy gruesa y no me cabe entera, enseguida se humedece con mi saliva y puedo recorrerla de arriba a abajo sin problema, de rodillas sobre el suelo y agarrada a sus muslos echo un ojo hacia arriba para ver cómo su mirada se pierde del techo a mi cabeza según voy cambiando el ritmo. Cuando ya no puede más me toma de las manos y me pide que me levante, besa mi vientre mientras introduce su dedo dentro de mí y comienza a moverlo para hacer sitio primero a un segundo dedo y después a un tercero. Me tumbo entonces sobre el sofá y él continúa con la lengua, separando mis labios hábilmente y después comiéndome de forma brusca, tanto que me hace cosquillas. No debo olvidar que es el coño de mi hermana el que está acostumbrado a complacer y el que él debe pensar que está comiendo en este momento, no quiero ser grosera así que me limito a decirle:

-Fóllame ahora.-

Me da la vuelta como si fuera un saco y se queda enfrente de mis nalgas, expuestas sobre su cara. Comienza entonces a lamer desde mi coño hasta el ano, qué placer tan grande me produce aquello, no quiero que pare y así se lo hago saber pero antes de que termine la frase ya lo tengo dentro. Contundente y rápido, ahogo un grito al notar su gruesa polla moverse dentro de mí, agarra mis caderas y empieza a moverse enérgicamente hasta que yo enseguida le alcanzo el ritmo. Tengo las uñas clavadas en el brazo del sofá y el culo todo lo alto que puedo para que la penetración sea más profunda. Poco a poco va follándome más despacio y se deja caer sobre mí hasta que nos quedamos tumbados. Sin salirse yo mantengo las piernas abiertas y suavemente se mueve pegado a mi espalda. Me gusta también sentirlo así, lento pero contundente dentro de mí, él se deja caer hacia atrás apoyándose en el sofá para poder acariciarme el cuerpo mientras. Los pechos de mi hermana son más pequeños que los míos pero la sensación de su mano sobre la piel es igualmente placentera, me giro para besarle  y su mano baja entonces para tocarme de nuevo. Siento que el orgasmo está cerca, él debe estar cerca también así que me dejo hacer. Sus dedos son suaves y hábiles, estoy tan concentrada en sentirle que me voy relajando poco a poco, cada vez más hasta notar su chorro caliente dentro de mí, da un par de sacudidas fuertes hasta que noto como resbalaba por mi muslo y sin salirse de mi sigue tocándome hasta que las descargas invaden el cuerpo que habito. Cierro entonces los ojos. Mi cuerpo se agita, la sensación de relax es total, un placer inmenso recorre todo mi ser. Me siento flotar, literalmente, podría volar si me lo propusiera. Abro los ojos, todo está blanco.

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